Cerrado por escasez… de neuronas

Por la presente se comunica que este blog queda temporalmente suspendido.

El curso de los acontecimientos ha querido que servidora se preñe a escasos meses de acabar (o intentar acabar) la tesis doctoral, con el consiguiente desasosiego mental y físico que esto conlleva.

Si además añadimos la naturaleza poco colaborativa y ligeramente estresante de Pollo, cuyas últimas actividades preferidas son

  • Hacer karate cuando no está en clase de karate
  • Meterse Hot Wheels en la boca y escupirlos a la velocidad de la luz
  • Llamarme una media de 341 veces cada noche
  • Apilar muebles y escalar, para posteriormente saltar a escasos centímetros de esquinas, picos y/o objetos punzantes

hace que escribir un post sea una tarea que me consume más neuronas de las que dispongo en el momento actual (que si ya eran pocas antes de preñarme, imagínate ahora, Mari Carmen).

Pero, esto no es un Adios, es un Hasta Luego. Os confirmo que la #BonicaDelTó está haciendo crecer mi bombo a la velocidad de la luz y parece que la cosa promete ponerse más interesante si cabe. En la última ecografía, nos mostró muy ufanamente su brazo, su culo, su pinrel, y toda su anatomía excepto la nuca, que era lo realmente importante. Si los patrones se repiten, todo apunta a un nivel de intensidad igual o mayor que el de su hermano.

Si total, ¿Qué es la vida sin un poco más de emoción? ¿Por qué conformarse con un intenso cuando se pueden tener dos? ¿Quién dijo que dormir, comer, cagar, y vivir en paz en general da la felicidad?

Si todo va bien, amenazo con volver en Septiembre, cuando las hojas de los árboles empiecen a caer y mi tesis quede entregada. Ese día lo celebraré como dios manda: con un agua mineral y un Cariban, que es la droga dura de las embarazadas.

Mientras tanto, sonreiré pensando que una vez tuve un blog.

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Mes ni se sabe – Miedo

Hoy he abierto un ojo al grito de: “Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, quéeeeeeeeeeee, mamaaaaaaaa, quéeeeeeeee” (porque no se porqué se contesta a si mismo cada vez que me llama). Por dios, debe ser muy muy pronto porque por la ventana se cuela la típica luz rosita del amanecer. 6:35am.

Recordadme que monte una empresa de instalación de persianas en Chicago, porque me iba a forrar del todo.

Voy de puntillas a la cama del pollo. Alguna vez me ha pasado acercarme a su habitación por el pasillo al grito de “¿qué quiereeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees?” y resulta que lo he acabado despertando yo solita porque estaba hablando en sueños. Pero hoy no. Hoy era uno de esos días en los que ya está con los Hot Wheels en la mano:

-“Mamá, jubar. Coches. Caca. Teo, leeme Teo. Caca”. – Así, todo junto y de sopetón.

Hace dos semanas no le hubiera hecho mucho caso. Me hubiera tumbado en su cama y le hubiera dicho: “Venga cariño, léele Teo a mamá, así mientras me haces mimitos en la espalda y un masajito en la cabeza. ¿Ves qué divertido? mira que bien lo pasamos”. Y yo mientras a roncar cual oso pardo.

Pero esta semana no. No me atrevo. Vivo de puntillas en casa.

Así que voy a su cuarto y sin mediar palabra le pongo la pista de los coches. Y contengo la respiración. “Por dios, que haya acertado, que haya acertado”- Pienso por lo bajini.

Parece que vamos bien, pone sus coches, pum, flus, fis, crash , spun. Ya se ha aburrido, pero bueno, he ganado 12 minutos.

Las 6:47h

Vuelve a pedir caca, que no es caca. El heredero llama “caca” en genérico a ir al baño, no se porqué. Esto trae muchos inconvenientes, sobre todo cuando estamos en el parque y hay llamada de socorro, porque nunca sabes si va a haber mojón y hay que sacar el mini váter portátil o si es un chorrete que apañamos rapidito entre los arbustos.

Lo llevo al baño, sin osar decir ni mú. Tengo miedo.

Mientras estamos en el váter me pide show. Y yo interpreto todo el repertorio: la vida pirata es la vida mejor, el cocodrilo y el orangután y row your boat. Pone una mueca. No está satisfecho. Me hago un bis de la vida pirata y asiente con aprobación.

7:02h

Oh oh. Tengo hambre. Tengo muuuuucha hambre. A ver cómo lo planteo porque nos hemos ido a leer un libro y no le gusta que deje los libros a mitad. Mi señor se va a enfadar mucho si voy en un rapidito a poner la tostadora, así que aguanto el tirón y dos libros de dinosaurios después me escapo entre aspavientos histriónicos a poner un vaso de leche: “que bieeeeeeeeeeeeeen, a desayunaaaaaaaaaaaarrrr. Uuuuuuhhhhh pero qué bueno todo!!!! yummy yummy! bizcocho! muffin! tostada!”.

Pollo enarca una ceja. Sabe lo que estoy haciendo.

Aún así me deja que siga con el teatro y me sigue a la cocina. Saco el té, las tostadas de la tostadora, la leche en su taza de la vaca con pajita, del color que le gusta, y el bizcocho que le hizo Marido el otro día. Todo transcurre con normalidad.

7:22h

Me siento en la silla y…

“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, nooooooooooooooooooooooooooooooooooo”.

Vale, aquí vamos. Ha ocurrido. Joder, hoy es demasiado pronto.

De repente me encuentro con una bestia salvaje tirada en el suelo, al grito de “NOOOOOOOOO, NOOOOOOOOO, NOOOOOOO”. De los hipidos que suelta no puede ni respirar. Y no me deja que lo toque. Parece que le estén matando.

Recuerdo una frase que nos dijo una amiga sobre las rabietas de su hijo de dos años: “Si mis vecinos fueran responsables, llamarían a la policía al oír a mi hijo”. Y así me siento yo ahora mismo.

Sé que he hecho algo mal (en su cabeza rubia), pero no logro averiguar el qué. Tiene el plato que le gusta, el desayuno que le gusta, la pajita del color que le gusta. ¿Entonces qué coño ha pasado?. He tenido todo el cuidado del mundo en tostar las tostadas en un punto ni muy tostado ni muy blanquito, le he recortado los bordes. La leche está fría, como le gusta…

“NOOOOOOOOO, NOOOOOOOOO, NOOOOOOO”.- Sigue en plan drama queen.

El otro día me meaba yo sola de la risa. Resulta que ha salido en todos los periódicos lo bien que gestiona Kate Middleton las rabietas de su hija Charlotte de dos años, junto a unas imágenes de la niña “teniendo una rabieta”. Me desorino. Eso ni es una rabieta ni es ná. Si los servicios sociales vieran al pollo tener una rabieta, me llevaban presa.

Después de unos buenos 20 minutos tirado en el suelo, y cuando ya no puede ni respirar, consigo acercarme a él radiándolo todo: “mama se va a acercar a ti, te voy a dar un abrazo, vamos a hablar de qué te pasa, use your words, use your words” (que no funciona un cagarro, él se calma cuando él quiere, no cuando yo intento calmarlo).

Entre hipido e hipido le pregunto:

Yo.- “Cariño, ¿qué pasa?, no te puedes poner así, hablame”.

Pollo.- “hip, hip, hip, mamá, mala, hip”.

Yo.- “¿Mamá ha sido mala?, ¿ha hecho algo que no te ha gustado?”.

Pollo.- “hip, hip, hip, si, mamá, mala, hip”.

Yo.- “¿Y qué ha sido, mi amor?”.

Pollo.- “Mamá ha sentado silla roja, hip. mama sienta silla blanca”.

Ah.

Vale. Me he sentado en una silla distinta a la que quería. Vale.

Sillas

7:56h. Me quedan 4 minutos para que venga la babysitter.

Creo que necesito un café.

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Mes 23 – Quién dijo miedo, mami

Hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, había una muchacha que tenía un blog.

Ella estaba embarazada, una embarazada muy cansina que vivía la vida a tope: se duchaba todos los días, se alimentaba de comida de verdad y no de sobras, hacía deporte (mogollón de deporte), salía por ahí a restaurantes e incluso se cortaba periódicamente las uñas de los pies… vamos, una vida de lujos.

Entonces un día tuvo un pollo rubio. Que comía. Y cagaba. Y dormía. Y lloraba.

Tuvimos nuestros más y nuestros menos, adaptándonos los unos a los otros y capeábamos el temporal como podíamos. La vida transcurría de forma más o menos tranquila en nuestra rutina diaria. Incluso escribía de vez en cuando en el blog contando mil y una tontunas.

Hasta que el pollo empezó a andar. Y empezó a hablar. Entonces perdió el “mojo”. Ya no hacía de reír con sus aventuras porque se le fundió el cerebro y el sentido del humor. Ya no tenía tiempo de escribir en su blog porque estaba muy ocupada corriendo detrás del mochuelo para que no se esnucara.

Yo creo que hay niños y niños. Están los niños tranquilos, que les das dos palos y juegan media hora. Tu máxima preocupación con esos niños es que 1) los palos sean suficientemente largos, para que sus pequeñas manitas prénsiles puedan agarrarlos bien, y así garantizar el desarrollo de su psicomotricidad fina y fomentar su creatividad y 2) que el pan de espelta que le das de comer no se te queme en el horno mientras mueres de amor viendo a tu hijo jugar con los palos.

Luego está mi hijo, que por razones de supervivencia (suya y de otros niños) no se le puede dejar un palo en la mano ni de culo. Podría enumerar una lista de 23 actividades peligrosas que he visto hacer a Pollo con un palo como intentar tirarse del tobogán de cabeza con el palo pegado a un ojo o intentar meterle en la cinturilla del pantalón el dichoso palo a otro niño (pero qué puñetas querría hacer???).

Podríamos decir que mi hijo es más de los que come salchichas campofrío, juega con el iPad y está a un tris de que le compre una correa de esas como a los perros, que yo, ignorante de mi, veía a los padres que llevaban así a sus hijos y pensaba “míralos, esto está fatal, llevar ahí al pobre niño atao como si fuera un animal. Qué poca vergüenza”. Ja. Ja. Ja. Pues mira tú por dónde que ahora no me parece tan mala idea.

El otro día en el chat de madres, una amiga enseñaba como su marido y su hijo de la misma edad que Pollo preparaban la cena y estaban cortando tranquilamente sus verduritas. Dios del amor hermoso! Resulta que hay niños que pueden estar cerca de un cuchillo sin que se les ocurra cogerlo y pinchar cosas, así, indiscriminadamente. Si llega a ser mi hijo recreamos la matanza de Texas en la cocina de mi casa. Que luego no veas tu qué follón para limpiarlo todo de sangre. Que se va muy mal de la ropa.

Otra de las cosas que es harto complicado es realizar actividades cotidianas normales como puede ser ducharse o poner una lavadora. por lo visto es una queja común en todas las madres, porque claro, mientras tú pones las bragas a lavar, va tu hijo, te abre un cajón y te saca la ropa.

En mi casa la cosa va así:

Yo.- “Cariño, voy a poner una lavadora. Te quedas aquí tranquilito leyendo tu libro y jugando con tus puzzles”

Pollo.- “Shiii mama” (Ahora solo dice “Shiii mama” , “All right!” y “Dame maíz”).

Yo.- Me voy con la mosca detrás de la oreja porque ha sido demasiado fácil alejarme

Silencio

Más silencio

Yo.- “Aquí está pasando algo fijo”

Y efectivamente. Cuando vuelvo a la habitación me encuentro que ha hecho una torre con sus bloques gigantes en el pollete de la ventana, ha trepado por ella y está el niño a unos dos metros del suelo sobre una mierda-estructura endeble mientras intenta abrir la ventana del cuarto, cosa que da mucho miedo porque vivo en un rascacielos.

Niño aquí subido. Todo muy normal
Recreación de los hechos. Niño aquí subido. Todo muy normal

Cuando tú ves eso, primero, te da un microinfarto. Después cuando te repones, una de dos: o corres para coger al vuelo al mochuelo o bien, como hice yo, te vas acercando muuuy despacio, como si hubieras visto a un gorila en Tanzania mientras caminas sola por la selva. Y le vas hablando leeentamente: “ma ma te va a co ger. No te mu e vas”. Así evitas que la hostia caída sea mayor. Porque cuando asustas a un animal se descontrola.

Así que como quiero seguir teniendo niño he optado por no dejarlo solo, porque el primer deber de un padre no es educarlo, el primer deber es mantener a su mochuelo con vida.

Muchos de vosotros pensaréis “Esta muchacha, qué exagerada. Si aplicara el método [cualquier método de esos modernos de ahora que van muy bien para los niños que se entretienen con palos] seguro que no tendría un hijo maleducao”.

Pero es que ese no es el problema. Mi hijo no es un maleducao. Dice “plis”, “thank you”, es cariñoso, te partes con él, es de un espabilao que da miedo y es obediente, hace caso de lo que le dices. El problema es que él tiene que experimentarlo todo y por lo que sea, parece que ni conoce lo que es el miedo ni el jodío tiene filtro.

Tengo que empezar a asumir que de mayor va a ser alimentador de tiburones, domador de tigres, desactivador de explosivos o como el señor ese que se dedica a andar por una cuerda de un edificio a otro sin red, ni arnés, ni nada. Que ahora que lo pienso, tampoco está tan mal. Por lo menos así se hace famoso y nos saca de pobres.

Mira mamá! Sin manos!
Mira mamá! Sin manos!

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Mes 17 – Ana y la Odisea

Hola de nuevo. Os hablo desde mi escritorio, comiendo cheetos. No he escrito en el blog en tres meses, no porque necesitara espacio, ni tiempo, ni porque no pudiera. Ha sido porque no me ha dado la gana porque estaba de vacaciones.

Pero de vacaciones de estas de tocarte el potorro todo el día, levantarte a las 12, maldecir porque se te junta el desayuno con la hora de comer y se te hace tarde para echarte la siesta. Vacaciones de comilonas con amigos mientras el pollo se queda con los abuelos (benditos abuelos! desde aquí, un aplauso a los abuelos, por favor), de gin tonics que se alargan hasta que cae la noche y de escapadas de novios sin niños (vale, ha sido a  La Granja, pero cuenta como escapada también).

El verano empezó ligeramente accidentado: en julio tuve un congreso en Austin, TX. Que digo yo ¿quién coño monta un congreso en JULIO en la ciudad con la temperatura media más alta de Estados Unidos? Con lo bien que hubiéramos estado en Alaska o en Canadá.

Yo una mañana que salí de la Universidad para comprar champú en la farmacia que estaba a 30m.
Yo el día que intenté comprar champú en la farmacia, que estaba a 30m de la Universidad.

Como era la primera vez que dejaba al Pollo Terrorista (mi hijo se ha ganado a pulso el calificativo de terrorista, ya os lo iré comentando) tenía un plan: ir a las conferencias, hacer algún que otro contacto interesante para mi doctorado y dormir. Dormir mucho, profundamente, espatarradamente en una cama king mullida de hotel sin ruidos, ni llantos, ni ronquidos ni “ve tu, no ve tu, no ve tu”.

Ese era mi plan. El primer día fue estupendamente. Como salí pronto del congreso, me fui al cine yo sola a ver los cazafantasmas mientras me cenaba una ensaladica. Juro que fue la peli y la ensalada más disfrutada del mundo mundial. Sabían a eso, a libertad.

Pero el segundo día,… ay, quién me mandaría a mi enzarzarme en una discusión filosófica sobre si los diseñadores de videojuegos son artistas o no. Nos juntamos un grupico de 5  o 6 hablando, de la sala nos fuimos a comer, de comer a más charlas, y pum pim pam, una cosa llevó a la otra y zasca:

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Hala, liada

¿Dónde quedaron mis horas de sueño?

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Al día siguiente… más liada

¿Dónde estuvieron mis noches reparadoras de descanso?

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Y seguimos para bingo

Pues nada, que me lié y me lié y al final no dormí. Mientras tanto en mi casa… un pollo estaba a puntito de acabar con la paciencia de su padre, que claro, no está acostumbrado a convivir con bestias salvajes en estado de cautividad y con la mosca detrás de la oreja porque esa señora que le da de comer y le cambia la ropa llevaba sin aparecer una semana.

Marido, haciendo lo que podría
Marido, haciendo lo que podía

Todo iba viento en popa, cada uno en su sitio. La mamma de parranda y el progenitor capeando el temporal, cuando el día que me toca volver a Chicago recibo un mensaje de American Airlines: Su vuelo ha sido cancelado.

Estoooo, ¿perdona? Hola, es jueves, tengo que volver a casa porque MAÑANA TENGO LOS BILLETES PARA IR A ESPAÑA. Si, a mi casa que llevo ocho meses sin pisar. Ya sabía yo que el karma pasa factura y que no podía despendolarme sin pagar después las consecuencias.

Bueno, que no cunda el pánico, llamé a American, con tan buena suerte que me metieron en otro vuelo por la tarde noche. Así que me fuí tan pichi al aeropuerto a esperar. Y a esperar. Y a esperar. Porque Dios tuvo a bien mandar una tormenta ciclogénica a Chicago a la hora a la que despegaba mi nuevo vuelo. Y no podíamos despegar. 8 horas y dos donuts después, me confirman la noticia: el segundo vuelo también se ha cancelado.

Y ahora ¿qué puñetas hago yo? tenía que estar al día siguiente como muy tarde a las 12am en el aeropuerto de Chicago porque si no, perdía el vuelo a España. Sólo había un vuelo a las 6am, pero estaba lleno y no había manera humana, ni por mar, tierra o aire de llegar a mi ciudad.

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Yo en el momento en que me entero de que me cancelan el vuelo

Así que ideé un plan (que estaba abocado al fracaso): eran ya las 11 de la noche, me fui a un hotel del aeropuerto, me levanté a las 4am y me planté en el mostrador para esperar por si quedaba algún hueco libre en el vuelo de las 6, con tan buena suerte de que alguien se debió dormir y me dieron la plaza. ¡Vivaaaa, vivaaaaa, viva la gente que se duerme y pierde los aviones!.

Al final llegué a Chicago con 20 minutos exactos para recoger mi maleta, volver a entrar y correr dos terminales y tres controles para subirme a otro avión, esta vez rumbo a mi casa.

El resto es historia…

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Mes 14 – A la guerra

¡Por fin ha llegado el buen tiempo a Chicago! Esto hay que celebrarlo por todo lo alto, porque el clima aquí es muy extremo. Tenemos unos 10 meses de invierno y 2 de verano, pero no es un verano fresquito de esos del norte. Es un verano húmedo, asqueroso, super caliente y pegajoso que llega de un día para otro y te pilla desprevenido.

Esto funciona así: Tú te pones tus vaqueros, tu jersey, tus botas, tu abrigo y tu bufanda. Sales al portal y le dices adiós al portero. Pones un pie en la calle y WTF* de repente ves a todo el mundo en pantalón corto y con gafas de sol porque hace 26º (cuando ayer a esa misma hora hacía 6º). Así que subes a tu casa a cambiarte. Bajas al portal, le dices adiós al portero, que se ríe por lo bajini porque ese día saluda a todo el mundo dos veces, y ya te vas a la calle. A morirte. Porque esto más que Chicago parece Tailandia. Como tenemos aquí el lago este enorme, los dias que hace 29 o 30º y una humedad del 90% te suda el cebollo que pareces un pepinillo en vinagre.

Pero a los chicagüenses nos da igual, después de diez meses sin ver la luz del sol, que estamos todos tan blancos que parece que nos lavamos con lejía, nos echamos a la calle como los toros en Pamplona y hay un ambiente erótico-festivo en todas partes que da gusto.

 

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No se si se aprecia muy bien, pero mientras escribo estoy viendo los fireworks que hacen en Chicago todos los miércoles y sábados del verano. Es bien porque son muy bonitos y tengo vistas VIP, y es mal porque toooodos los santos días despiertan al Pollo.

 

Con este panorama, y ante la perspectiva de estar encerrada con mi hijo en casa toda la santa tarde (eso es muerte y destrucción) empezamos a ser asiduos del parque que tenemos debajo de casa.

Esto es lo que os quiero contar. Aquí es dónde voy a profundizar.

Oh-Dios-Mio. No he visto tanta violencia junta y tanta rarunez nunca en mi vida. Yo no sé si los parque allí en España son iguales o es la idiosincrasia de este país, así que bienvenidos sean todos los comentarios contando experiencias porque yo vuelvo cada tarde ojiplática a mi casa.

Paso a relatar la fauna autóctona que habita en nuestro parque:

1) La madre chunga

Aquí no se comparte y punto. Los americanos tienen muy presente el tema de la propiedad privada y esto genera conflictos y tensiones propios del Sálvame Deluxe pero con niños de 2 años.

Hace dos días estaba una mamá muy peripuesta (creo que salía de trabajar, porque llevaba uno de esos trajes de chaqueta con falda a media rodilla, al estilo teresiana) y su hijo jugando con un monopatín. De repente otro niño, vio el monopatín.

Oh, oh. Juro que vi la escena a cámara lenta. El segundo niño se abalanzó sobre el primero para quitarle el monopatín y empezaron a pelearse. La madre peripuesta, horrorizada ante la escena, entró en modo panic y en vez de separar a las dos criaturitas que se estaban peleando, se puso a gritar: “El patín es de mi hijoooooooooo, no quiere compartiiiiiiiiiiiir, no quiere compartiiiiiiiiiiiiiiir”. Mientras sin ningún disimulo empujaba al niño “agresor”.

En ese momento, y viendo que la cosa era ya una pelea de tres y el que el segundo niño iba a salir mal parado, las demás madres avisamos a la otra madre. La pobre mujer estaba intentando dormir a su bebé y no se dio cuenta de la movida. Cuando vio como estaban haciendo la tijera a su hijo, dejó al bebé tirado en el carro (literalmente) y fue corriendo CON UN MONOPATÍN IGUALICO al objeto de la disputa.

Perooo... ¿No sabíais lo que era la tijera?
Perooo… ¿No sabíais lo que era la tijera?

Resulta que el pobre niño se pensaba que el otro le había robado el monopatín y fue a quitárselo.

La historia acabó con una madre humillada por la madre chunga, que trató al niño confundido de bestia parda.

Y Cacahuete y yo alucinaos, viendo el espectáculo, que sólo nos faltaban las palomitas. Yo que me paso el día diciéndole que nosotros compartimos, y mi pobre hijo va ofreciéndoles juguetes a todos los niños del parque… por lo visto esto debe estar pasado de moda y lo que hay que hacer es luchar a brazo partido por tus posesiones. Como en Juego de Tronos.

2) El niño mayor raruno

Todos los días disfrutamos de la compañía de Toby. En un parque infantil para niños de 1 a 5 años, choca un poco ver siempre a uno de 12, que ya tendría edad para estar morreando con las chicas de su edad o comprando playboys a escondidas.

El caso es que le hemos cogido cariño. Aunque al principio asusta.

A Toby le gusta hacer que tiene ataques epilépticos cerca de los grupos de madres. El primer día que bajamos y vi a un niño con espasmos, como una sardina fuera del agua, al lado de un grupo de madres que se reían y charlaban. Yo, parda de mi, fui corriendo y le pregunté: “¿Estás bien?” Y él decía: “Nooo, nooo”.

Mi cara debió ser un poema, porque una de las madres me dijo: “No pasa nada, es Toby, le gusta fingir que se desmaya o que le pasa algo cuando estamos aquí”. Acto seguido, Toby se levantó y fue a tirarse al lado de otro grupo de madres que también pasaron de él. Por lo visto todo el mundo conocía a Toby y su particular “afición”.

Al principio Dani se asustaba un poco, ahora ya pasamos por encima de él directamente si se pone en nuestro camino hacia el tobogán.

Desde aquí un llamamiento a los padres de Toby: a lo mejor hay que llevar a este niño a algún sitio a que se lo miren…

3) El niño asqueroso

¿Está mal odiar a un niño de 3 años? Es que yo odio un poco a uno.

El primer día que bajamos, vino un moco de tres años, con el pelo rizado y según vio a Dani le pegó un zas en la cabeza. Así, con la mano abierta y sin piedad.

Mi primer impulso fue ir a sacarle los ojos al cerdo asqueroso cochino  niño, pero mira, me pudo el pudor y viendo que la babysitter se disculpaba y se reía, puse una media sonrisa y seguimos con lo nuestro. A todo esto Pollo ni lloró del shock. Se quedó alucinao y hacía el gesto de porqué (pone las manitas juntas con las palmas hacia arriba).

Al día siguiente íbamos a la compra los tres. Marido, Pollo y yo. Tan felices. De repente, cual bala, apareció el niño cabrón. Se abalanzó sobre el carro de Dani, cogió una pelota que llevábamos en la cesta y la tiró a una fuente.

A todo esto la babysitter se reía y cuando vi que la muchacha no hacía ni medio amago de coger la pelota de la fuente, me pillé un mosqueo que no veas. ¿Pero qué le hemos hecho nosotros al cerdo asqueroso  ese? ¿Por qué nadie controla a ese ser pequeño? ¿Se puede dar una hostia reprimenda a un niño que no es tuyo?

Como no quiero que me detengan por sacarle los ojos a nadie, he decidido que cuando lo vea vamos a huir de él y asunto zanjao. Sólo espero que llegue el día en que Dani mida 1,90m y ese niño se quede canijo para azuzarle a mi Cacahuete. Verás qué risas nos vamos a echar. Juas, Juas, Juas.

Chaval, tú tontea ahora, que cuando mi hijo crezca te vas a cagar
Chaval, tú tontea ahora, que cuando mi hijo crezca te vas a cagar

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Mes 13 – Yo soy cola, tú pegamento

Si has entendido el título de este artículo, me caes bien y probablemente estés de acuerdo conmigo en lo que voy a contar. Si no lo has entendido, o tienes más de 40 años (en cuyo caso te perdono), o si no, amigo mio, te has perdido una de las experiencias más geniales de la niñez.

El título hace referencia a una famosa frase de un videojuego de principios de los 90: el super conocido Monkey Island. Para todos a los que nos gustan los videojuegos es un clásico entre los clásicos y muchos nos enganchamos al juego después de ver jugar a nuestros hermanos mayores (o en mi caso a los hermanos mayores de otros).

cola pegamento
Qué gustera jugarlo y rejugarlo y no cansarte nunca

El tema viene a cuento porque justo esta semana los blogs están plagaítos de posts diciendo que los videojuegos son el demonio para tus hijos y que por cada media hora de tele que ve tu hijo, mueren 10 gatitos adorables.

Como me pasa últimamente, tengo que discrepar y he pensado utilizar el blog para expresar mi opinión de experta.

Y vosotros diréis  “la petarda esta, ¿Qué se cree?, ¿experta? experta en tontunacas, juas, juas , juas“.  Pues,.. por una vez en mi vida, puedo opinar sabiendo de lo que hablo (esto tengo que aprovecharlo porque no me ocurre muy a menudo).

Resulta que últimamente Pollo me tiene mosca. Por cierto, nunca os he dicho porqué le llamo pollo ¿no?. Es que cuando nació, tenia pelete rubio por todo el cuerpo. Como un pollico. Bueno, que me enrollo.

A lo que iba, Pollo lleva una semana que le cuesta mucho dormir la siesta y he descubierto que la mejor manera de que coja el sueño es ponernos un capitulillo de Peppa Pig y oye, mano de santo. En 20 minutos estamos KO los dos. Y las madres abanderadas de los Waldorf y los Montessori me dirán que hago muy mal, que lo que hay que hacer es leerle al niño un cuento de madera (¿por qué todo lo Montessori y lo Waldorf es de madera? ¿qué manía tiene esta gente con deforestar?). Lo del cuento está muy bien, pero no para nuestra hora de la siesta. Nosotros leemos por la tarde y antes de dormir. Así nos funciona a nosotros.

Pero para más inri, creo que Pollo se ha enganchao a verme jugar al WoW (World of Warcraft). Es un mundo virtual en el que tienes que ir haciendo misiones. No es mi favorito, juego pa probarlo sin más.

Va, a las detractoras acérrimas de los videojuegos os voy a dar carnaza para que os metáis conmigo:

Mirad la cara de alelao/empanao que tiene mi hijo cuando juego
Mirad la cara de alelao/empanao que tiene mi hijo cuando juego

Y os voy a explicar porqué no me importa nada que quiera jugar a videojuegos, y es más, yo le animaré a que lo haga.

Hace unos años estábamos en el cumpleaños de una amiga, cuando todavía no teníamos hijos y éramos libres, despreocupados y cagábamos íbamos al baño solos. No sé porqué salió el tema de jugar con los videojuegos. Y una amiga defendía a capa y espada que eran malísimos. Que si atontan el cerebro, que si te hacen asocial, que si el siguiente paso al vicio es coger una catana y presentarle tus respetos a tu profesora de matemáticas con ella,… en fin. Lo típico que se dice de los videojuegos.

Yo siempre he sido muy jugona y me entró la curiosidad. Resulta que esta opinión la comparte la mayoría de la gente que, curiosamente, no ha jugado nunca. Además, esta muchacha me decía que había muchos estudios científicos que avalaban sus opiniones.

Así que cuando llegó la hora de elegir mi tema de tesis doctoral (en una Universidad de verdad, no en la de Sprignfield, Walderbourg o Churriburg) decidí estudiar los efectos e impacto de los videojuegos en niños. Más concretamente en niños con discapacidades intelectuales, que si me apuras, es un público todavía más indefenso y desvalido.

Y como esta chica me aseguraba que la ciencia estaba en contra del uso de los videojuegos ¿qué hice?: decidí estudiar a fondo tooodos los artículos científicos publicados en los que se obtuvieran resultados sobre los efectos que han tenido los videojuegos en niños.

Encontré exactamente 498 artículos serios, y tardé en leermelos todos exactamente 18 meses. Que digo yo que es tiempo suficiente para forjarse una opinión más o menos fiable (por cierto, ¿cuánto tiempo habrá dedicado mi amiga a leerse esos artículos que mencionaba?).

De esos 498, seleccioné 43 para estudiarlos en profundidad. En más del 91% de los experimentos, la utilización de videojuegos ha resultado tener efectos positivos en distintas áreas como el lenguaje, capacidad de coordinación ojo-mano, mejora de la toma de decisiones, socialización (curioso, ¿verdad?) o mejora de la comprensión lectora.

Por otro lado, de ese 8% casi su totalidad no reportaron ningún efecto ni positivo ni negativo y sólo unos cuantas investigaciones observaron resultados negativos.

Con todo esto, conseguí publicar mi primer artículo, que es un coñazo, pero que si a alguien le interesa tiene las referencias de los estudios que comento y unas tablitas muy monas con los resultados aquí.

La conclusión de todo esto es que no puedo ser neutral con respecto a este tema. Cuanto más estudio y pruebo mis videojuegos con niños, encima, con niños con problemas, más me doy cuenta de que puede ser una herramienta de aprendizaje brutal.

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No me voy a poner a hablar del Minecraft porque tendría para otro post, pero me parece alucinante precisamente porque yo no soy capaz de jugar, mientras que niños de 5 y 6 años crean auténticos mundos que sacan de sus preciosas cabecitas y se pueden hacer realidad gracias a esta herramienta

Quizá el dilema esté en las horas que un niño puede dedicar a jugar y a qué tipos de videojuegos puede jugar según su edad. En este tema si que soy una nazi, porque conozco los juegos y juro y perjuro que Pollo no va a tocar el Call of Duty hasta que no cumpla 20 años. Sin embargo, ojalá sea un viciado del Minecraft y lo utilice como otra forma más de expresar su creatividad.

Por cierto, juego a videojuegos dos horas al día, tengo amigos, salgo de cañas, hago deporte, duermo muy a gusto y nunca nunca nunca he cogido una catana.

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¡Tengo un año! Y me he mudado, me he ido de viaje, ando,…

Ay mi madre. Llevo sin escribir un mes y medio y han pasado tan y tantas cosas que no sé ni por dónde empezar a contaros…

Esta vez tengo pocas tontunas de las que hablaros porque ni me han acosado chinos, ni me ha secuestrado la mafia rusa (todavía), ni he tenido fiestas glamurosas en museos ni na de na. Sin embargo hemos tenido un mes completito completito entre visitas, eventos y mudanzas (asco, asco, asco que me dan las mudanzas).

Comencemos por el principio:

Cumplepollo Feliz

Pues si. Hace un año ya que inundé mi cama y me fui en taxi para el hospital con una toalla entre las piernas (un saludo para el señor taxista que se tuvo que cagar en mis muelas al ver cómo dejé su coche al día siguiente). El 31 de Marzo Pollo cumplió un añito. Y justo nos pilló en mitad de dos visitas y una mudanza, pero como soy una madre coraje y sufridora, hice de tripas corazón y en vez de pasarme el dia tumbada en el sofá (que era lo que me pedía el cuerpo después del palizusco), lo celebramos por todo lo alto. Eso significa que pedimos pizzas y donuts e invitamos a nuestros amigos a cervezas.

Bua, estuvimos que lo tiramos. Compramos dos tipos distintos de gusanitos y patatas fritas de marca. No os digo más.

En este blog no vais a ver mesas de chucherias monérrimas con decoraciones de arcoiris a juego con los manteles, galletas personalizadas y cajas vintage decoradas con flores y pupurrí. Nosotros somos más de ir al target y comprar medias noches de toda la vida y manteles de papel (muy cutres y nada prácticos porque siempre hay alguien al que se le cae la cerveza y te hace un cristo en la mesa).

Y ¿sabéis que pasó? Pues que nos lo pasamos fenomenal. Pollo hizo de anfitrión estupendo y jugó con todos y cada uno de los invitados, no lloró ni una vez y llevó puestas sus orejas de Mickey todo el rato. Os dejo algún que otro documento gráfico:

 

El cumpleañero más feliz que una perdiz con el follón
El cumpleañero más feliz que una perdiz con el follón

 

El buffet de comida sana y equilibrada
El buffet de comida sana y equilibrada

 

Dani y su novia. Lo siento, bebés-hembra del mundo, el rubio ya está pillao
Dani y su novia. Lo siento, bebés-hembra del mundo, el rubio ya está pillao

 

Bueno, todos sabemos que las fiestas de un año son una excusa para que los padres y sus amigos se hinchen a cervezas. ¿No? ¿No es así?
Bueno, todos sabemos que las fiestas de un año son una excusa para que los padres y sus amigos se hinchen a cervezas. ¿No? ¿No es así?

Las (Merecidas) Vacaciones

Lo he conseguido. Después de dos años de dar por culo insistir en que necesitábamos cogernos vacaciones, Marido claudicó y reservamos una semanita en el Caribe aprovechando que venían unos amigos de España con sus niños. Este punto es importante, porque no es lo mismo irte en plan sobón y romanticón al Caribe que irte con cuatro churumbeles de 7 meses a 3 años de edad.

En esos viajes se forja una amistad fraternal que se fragua dia a dia, en cada mesa de desayuno en la que uno grita, el otro escupe y otro se tira de la trona mientras un padre va al buffet y el otro se queda luchando a brazo partido con las bestias pardas. En ese momento, te solidarizas con el resto de los padres y te das cuenta de que no eres la única en el mundo mundial pringada hasta las trancas con un pequeño monstruo con cara de angelico.

 

¿Que hay que cambiar a un churumbel en la mesa de comer? Sin problemas (Un saludo para los de las mesas de al lado!)
¿Que hay que cambiar a un churumbel mientras comemos? Sin problemas (Un saludo para los de las mesas de al lado!)

Vosotros diréis “Guau, cuánto glamour, que se va de vacaciones al Caribe”. Si y no. Una pequeña aclaración: el Caribe es para los americanos como Benidorm para los madrileños. Si quieres playa, buffet libre y ver a viejos en bañador este es tu sitio por un módico precio y a unas 4h de casi cualquier punto de Estados Unidos. Así que amigos españoles que venís a Punta Cana de vacaciones: No os asustéis si al llegar solo veis a americanos y argentinos en chanclas y con calcetines blancos. No estáis yendo a un destino glamuroso.

Tengo que decir que han sido una de las mejores vacaciones que hemos pasado. Nos ha parecido un planazo tener en menos de 100 metros de diámetro la piscina, la playa, la habitación y los restaurantes. Se agradece mucho tenerlo todo a mano en caso de caca explosiva, de modo tontuno de bebé o de que te olvides el bronceador.

Por no hablar de la compañía 😉 (Punta Caña 4eva)

Aquí van las fotos del viaje.

¡CUIDADO! Estas fotos pueden provocar mucha envidia de la mala a la par que mala leche si se ven desde una oficina o en un día frío y lluvioso.

Aquí los tres colegas en la orillica de la playa con toda la pachorra
Aquí los tres colegas en la orillica de la playa con toda la pachorra

 

Momento parrilla-chino
Momento parrilla-chino

 

Dani y los colegas en modo croqueta (falta uno, que estaba de siesta)
Dani y los colegas en modo croqueta (falta uno, que estaba de siesta). Parece que no todo el mundo está muy contento con el rollo este de enterrarse en la arena

 

Animaleando un poquico en la piscina.
Animaleando un poquico en la piscina. Diez segundos después se le resbalaron las manos y casi se abre la cabeza con la piedra esa. Mucho lloro, mucho hielo y mucho chichón

 

Momento madre-hijo modeleando
Momento madre-hijo modeleando

Y poco más que contaros. Vengo taaan y taaaan relajada de la playica que ni siquiera echo de menos la vena sarcástica para escribir en el blog. Es lo que hay.

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