Semana 23 – Siento rencor

Si, siento un profundo rencor. Un resquemor que nace de dentro de mi. Ese rencor va dirigido a todos los humanos del sexo masculino: los hombres.

Me parece que la naturaleza está muy mal organizada y que a las mujeres nos toca la peor parte. Porque vamos a ver ¿no es un poco injusto que tengamos que estar 9 santos meses con calambres, acidez, el estómago en dónde empieza la nuez y cultivando estrías? (por no hablar de los gases matadores que no se yo si es peor soltarlos o quedártelos). ¿No podría ser como en los sims? en los Sims te abduce un extraterrestre y te deja embarazado seas tío o tía. Vamos, lo que viene siendo un embarazo democrático y justo, si te toca te ha tocao.

Derecha: hombre embarazado después de ser abducido por un extraterrestre. Izquierda: Hombre dando a luz en su baño

Izquierda: hombre embarazado después de ser abducido por un extraterrestre. Derecha: Hombre dando a luz en su baño

Pero ah, amigo, que en la vida real no es tan fácil. En la vida real las que pringamos somos nosotras. Y pringamos pero bien.

Ayer, aprovechando que se han acabado las vacaciones de navidad, me puse a mirar toda la documentación y papeleo para el registro en el hospital. Aquí son muy apañaos y el hospital funciona como un hotel: tu te registras a partir de la semana 25 con tu fecha prevista de parto y cuando llegas el “día D” (o dos semanas antes o dos semanas después) ya te tienen preparada tu habitación, con tu nombre en la puerta y todo. Pues como ya estoy en la semana 25 (en el blog escribo a toro pasado) me ha tocado hacer todo el papeleo y… madre del amor hermoso. ¿Cómo no vas a cagarte la pata abajo cuando tienes que firmar 8 papeles que te cuentan las posibles complicaciones que puedes tener durante el parto?. Vamos a ver señores, ustedes de partos entenderán muchísimo, pero de psicología… poca. Que al final la que se tiene que chupar las 12 o 15 o 30 horas de contracciones cual niña del exorcista es una servidora y lo que menos me apetece 15 semanas antes es estar leyendo lo chunga que se puede volver la historia.

Así que como buena embarazada… me eché a llorar. Y llamé a marido con una angustia…

Y ahí fue. Ese fue el principio de mi resquemor. Mi amiga la Rusa ya me lo advirtió. Los tíos no tienen ni puñetera idea de qué va la cosa. Es que yo lo veía venir. Voy a hacer un paréntesis en la conversación con marido para contaros el día en que me di cuenta de que los tíos son tíos y no cambian desde los tres a los sesenta.

Hace unos años estuve trabajando un verano en la guardería de un colegio para ganarme unas pelillas. El caso es que me tocó cuidar a una clase de niños de tres años. Más monos y más majos todos… Como era verano teníamos una mini piscina con medio palmo de agua en el patio y todos los días les sacábamos a la pisci unas horitas a que se remojaran.

Los peques venían con sus mochilillas y dentro llevaban su bañador, su cremita del sol, sus chanclas… así que cuando llegaba la hora, anunciaba en clase que tenían que cambiarse y ponerse cada uno solito/a el bañador. Y ahí veías a las niñas, intentando quitarse su falda, desabrocharse sus camisitas, meter la pierna que toca en el bañador, haciéndose una coleta (tardábamos como 1 hora y media en salir a la dichosa piscina).

Y bien, ¿qué hacían mientras los niños? Pues los niños se quitaban la ropa, se sentaban en bolas en el suelo y, pito en mano, se quedaban sentaos mirando al infinito con cara de alelaos, ahí dale que te pego. Eso tooooooodos los días. Parecía que cada día descubrían que les había crecido algo entre las piernas.

Este por lo menos tiene algo en la otra mano

Este por lo menos tiene algo en la otra mano

Después de ese curro descubrí que los hombres son así. No hay que pedirles peras al olmo (hay que pedirle plátanos, jiji chiste malo que me acabo de inventar yo sola y con el que me estoy riendo tontamente mientras escribo).

Antes de mi historia en la que descubrí la cruda realidad, os estaba contando que había llamado a marido después de una bajona importante al darme cuenta de que tarde o temprano voy a tener que parir. La verdad es que me cuesta un poco hacerme a la idea de que estoy embarazada. Todos los días me extraño al verme la tripa en el espejo. No sé porqué pero estoy como si la cosa no fuera conmigo, por eso lo de parir es algo que lo veo lejaaaano lejaaaaano. Pero cuando me he puesto a registrarme en el hospital he descubierto que no es tan lejano y que quiera o no, las semanas vuelan.

La conversación ha sido más o menos así:

Yo: -“Diegoooooo (a moco tendido), que estoy rellenado los papeles del hospital y me da miedoooooo”.

Diego: -“Miedo el quéeeee”.

(voz distraída, probablemente viendo una serie o pito en mano, quién sabe)

Yo: -“Pues que va quedando menos para el partooooo”.

(snoobb, sniffff , sonido de mocos)

Diego: -“Anda no seas tonta, que te da miedo todo”.

(voz todavía distraída y ligeramente molesta)

Yo: -“Pero es que nos acabo de apuntar al cursillo de preparación al parto y creo que no quiero ir porque me voy a poner nerviosa cuando nos enseñen los quirófanos y…”. – Por cierto, hago un inciso, aquí tenemos que ir a un cursillo intensivo de preparación al parto que dura 7 horacas y en dónde hacemos un simulacro en el que recorremos el hospital para que sepamos dónde tenemos que ir en cada momento del parto. Como una gymkana, pero de preñetis.

Diego: -“Ya nos preocuparemos de eso cuando llegue”.

Yo: -“¡Pero es que me da miedo desde ya!”.

Diego: -“¡Mira Ana, para ya! deja de tener miedo, que ya sabes cómo va. ¡Te pondrás de parto, iremos al hospital y en dos horas de nada se acabó la historia!“.

Aquí ya dejé de hablar. Resulta que este espécimen de macho con el que vivo se cree que tu te pones de parto, pasas un ratillo un poco malo, pero nada, en dos horitas todo estupendo y a disfrutar del nuevo retoño. Con ese planteamiento ¿quién le va a tener miedo al parto?.

Para que se lo pongáis a vuestros machos, os dejo un experimento que hicieron hace un tiempo en Suecia en el que inducían los dolores de parto a dos maromos en el que empiezan riéndose pero acaban… uno abandonando y el otro bastante chunguele (tiene subtítulos en inglés, pero no hace ni falta oír lo que dicen). Y que conste que las enfermeras fueron majas y sólo les pusieron los electrodos durante dos horas. Las dos horitas que dice mi marido.

Ana_v2

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