Embarazo

Nunca te fíes de un rubio

Si señor. Los rubios son traicioneros.

A los morenos se les ve venir y los pelirrojos son rarunos, pero los rubios… te crees que puedes contar con ellos y a la que te descuidas… zasca. Te la meten doblada.

Era un martes como otro cualquiera. Estaba durmiendo tan tranquila, soñando con mis cosas, vuelta para un lado, vuelta para el otro, cuando de repente en una de esas vueltas empiezo a notarme mojada. Pero mojada como cuando te metes en la piscina. Mierda. Va a ser que he roto aguas.

Desperté a marido muy amablemente “Diego, coño, que he roto aguas” y salimos de la cama pitando. Mientras buscaba qué ponerme en los armarios pensaba: “¿qué ropa se pone una para ir a parir? ¿arreglá pero informal?” y nos fuimos echando leches al hospital.

Voy a saltarme la parte en la que os cuento cómo iba con una toalla de playa entre las piernas y cómo dejé el taxi y la recepción del hospi dónde nos atendieron porque tendría que describir mucha guarrería y este es un blog con clase y estilo.

El caso es que efectivamente cuando llegué había roto aguas. Resulta que Cacahuete estaba ansioso por salir. El muy jodío no quería esperar las 3 semanitas de cocción que le quedaban y tuvo que darnos el susto exactamente en la semana 37 (¿acaso os preguntabais porqué no había más posts en el blog?).

Mi parto fue una maravilla. No noté ningún dolor. Según me subieron a la habitación me pusieron la oxitocina para provocar las contracciones y en 3 horitas de nada dilaté los 10 cms de rigor. Era la hora de ponerse a empujar.

Y como él tenía tantas ganas de salir y yo tantas ganas de que saliera en cuestión de 30 minutillos estaba el tío ya berreando encima mío.

Y vosotros pensaréis “qué gustazo de parto, hija, qué envidia“. Ja Ja Ja Ja Ja (risa irónica). PUES NO.

Hijos, la suerte es muy puñetera y cuando pensaba que todo había acabado veo que mi médico no puede sacar la placenta. A partir de ahí comenzó la historia de horror en la que empezaron a venir anestesistas, médicos y enfermeros para sacarme el placentaco que se me había quedado pegado en el útero.

Sólo os diré que menos mal que mi cuerpo serrano es de Castilla la Mancha y como comentaba en un post anterior, me recupero rápido. Pero sólo os digo que la gracia de la placenta me costó un día más de hospital y una operación 6 semanas después para quitarme los restillos que seguían ahí pegados.

Ya lo ponía al principio. Nunca te fíes de un rubio. Aunque en este caso, sea el rubio más adorable, delicioso, comestible, mordisqueable, guapo, molludo, mofletudo, buenorro y amoroso que haya parido madre.


Mira, mira. Qué mujer más pesada con eso del yoga. Ayuyuuu uuu, Pero tía, ¿no ves que cuando te doblas me haces daño?. A mi me tiene harto. Voy a pegarle una patadica a ver si se entera la jodía y para.

Uy. Creo que me he pasado y le he dao muy fuerte. Ay. ¿Por qué me quedo sin agua?. Ay vaaaa, la que he liao. La que me va a caer, ya me puedo ir preparando. ¿Y esa luz?.


03-3

 

08-8 11-11 20-20

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Semana 33,34 y 35 – El plan de parto y la bachelorette

Os tengo abandonaítos. Con esto de que tengo que dejarme todo cerrado antes de que Dani asome la cabecilla no tengo tiempo ni para un triste post (¡un saludo para mis directores, que sé que no sólo leéis mis artículos de los congresos, piratas!).

Y es que el tiempo pasa volando. Y queda nada más y nada menos que diez días para que mi apartamento se convierta en la casa de Tócame Roque, porque los abuelos tienen ya un pie puesto en el avión. Diez días exactos para que tengamos que repartirnos entre sofás y camas y haya que hacer cola para ducharse y lavarse los dientes.

Antonia, muévete un poco a la izquierda que me estás clavando el codo

Mi casa en dos semanas. “Antonia, muévete un poco a la izquierda que me estás clavando el codo”

Así que he estado un poco ocupada estas últimas semanas intentando dejarlo todo cerrado y ¿sabéis qué ha ocurrido? que de lo ocupada que he estado se me ha olvidado que estaba embarazada. Así, como os lo cuento. Qué felicidad, oye. Va a resultar que el estrés es una buena manera de olvidarse del dolor de pelvis, de los 11 kilarros más que llevas encima, de los tobillos como morcillas de Burgos,… y si no fuera porque ahora me toca ir al médico cada semana, ni me enteraría del embarazo.

Mi plan de parto

Voy todos los viernes a ver a mi amigo el doctor van Arsdale (me ha visto los bajos tantas veces que ya entra en la categoría de amigo ¿no?) y la cita pasada me tocaba revisar con él el plan de parto. Yo pensaba que íbamos a estar un rato hablando de las opciones que tenía, del manejo del dolor, de la epidural,… pero nada más lejos de la realidad. Paso a describir la conversación:

van Arsdale: .- “Bueno, ¿hay algo que no quieras que te hagamos en el parto? ¿estás en contra de algún medicamento o alguna práctica? ¿epidural, oxitocina,…?”.

Yo: .- “Buenoooo, no se. Diría que no. Ustedes hagan lo que tengan que hacer y que el proceso sea lo más llevadero posible…“.

(entonces el señor van Arsdale escribió en su ordenador “Drugs OK” = “Medicamentos/drogas OK”)

van Arsdale: .- “Muy bien, pues ya te puedes vestir“.

¿Ya está? ¿así sin más? yo que sé, pregúntame si tengo alguna alergia, o si quiero hacer el piel con piel con el bebé, de qué color quiero las sábanas del hospital, o qué me gustaría comer el día que doy a luz,… Por lo visto el hombre ha traído tantos niños al mundo que no te creas que ve ningún problema en eso de parir. De hecho, después de nuestra conversación profunda y exhaustiva sobre mi plan de parto le dije: “estoy un poco asustada porque mi marido viaja y no sé si cuando me ponga de parto estará en Chicago” (vale, reconozco que buscaba un poco de amor y comprensión), a lo que el hombre me abrazó y me soltó “¡tranquila mujer! ¡para eso hemos inventado las drogas!” y se fue de la consulta.

Es un artista. De aquella cita lo único que he sacado en claro es que me van a enchufar éxtasis y voy a ir como las Grecas desde el minuto 0 en que entre por la puerta del hospital.

Esta mañana, me echaron droja en el colacao y he parío. Juis jas jas jos juis juis

Yo: “Esta mañana, me echaron droja en el colacao y he parío. Juis jas jas jos juis juis”

La bachelorette

Para celebrar semejante despliegue de efusividad ante mi próxima maternidad ¿qué hice? Pues irme de fiesta.

El sábado celebramos la despedida de soltera de María (un saludo para las Marías!) y ¿cómo me la iba a perder? ¿por qué estar de 36 semanas iba a ser un impedimento para ir a una sesión de fotos, a cenar, a un strip cabaret y a dos discotecas? Si total son 10 horas de nada de parranda ¿Cuándo ha sido eso un impedimento para una castellano-manchega?

Noticia de esta mañana. Actualidad

Así que cogí mi bombo a las 4 de la tarde y me planté en el restaurante (si, aquí las fiestas empiezan a una hora raruna). Todo iba muy bien: la cena genial, la sesión de fotos estupenda, el autobús muy cómodo. Hasta que llegamos al show y viví uno de los momentos más surrealistas de los últimos años.

Restillos del sábado

Restillos del sábado

Estábamos sentadas en primera fila. Yo en concreto bien cerca de todos los que se desnudaban para que no me perdiera ni una lorcilla de carne (o lo que se terciara) de ningún striper. Por cierto, en mi defensa tengo que decir que fuimos a un CA-BA-RET en el que había tíos, tías, travestis y otra fauna poco reconocible. No se desnudaban del todo, de hecho ellos ni enseñaban los pezones, y eran más bien como un Factor X en el que cada uno hacía lo que podía (uno cantaba, otro hacía pole dance, otra bailaba).

Entonces, cuando pensaba que la cosa no podía ponerse más hortera, el presentador anunció lo siguiente:

Directamente desde Venezuela… ¡¡¡¡¡¡Big Joe!!!!!!

Y allí que salió el Big Joe. Un negraco de 2,10m en semi pelotillas mientras por el altavoz sonaba el Bésame Mucho interpretado por Julio Iglesias.

Yo empecé a reirme por lo dantesco de la situación, porque el Big Joe estaba intentando bailar una bachata al ritmo de Julito, pero la cosa se puso más interesante cuando sonó un scratching, cambian de Julio a danza Kuduro y va el colega y cuelga en el espejo una foto de 1,30m x 1,30m de…

¡¡LA DUQUESA DE ALBA!!

¿Por quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee? A día de hoy todavía no entiendo nada. Nada de nada de nada de nada.

¿Veis? yo no os miento nunca

¿Veis? yo no os miento nunca

¿Perooooo, perooooo, perooooo?

¿Perooooo, perooooo, perooooo?

Y el tío, al verme mi cara ojiplática, decide que quiere empezar a restregarse con (o contra) la pobre preñeti que está en la primera fila. Uséase Yo.

Sólo puedo decir que Cacahuete ha visto más de lo que debería haber visto para su corto periodo de vida.

Ana_v2

 

Semana 32 – ¿Qué tipo de embarazada eres?

Estoy destrozá. Estaba yo tan pichi ayer por la noche viendo a los tróspidos con mis apaños informáticos, para que los de la tele piensen que estoy en Albacete en vez de en Chicago, cuando me empezó a entrar un no-sequé-que-qué-se-yo.

Me daban unos calambres muy raros en el Potosí, mientras pensaba: “ya está, esto debe ser el principio del parto”. Así que yo, que soy muy bien mandá, me agarré a la bola de pilates y venga ejercicios de Kegel parriba y pabajo y respiraciones profundas y lentas.

Entonces me dio por pensar que estaba sola. Pero sola sola sola. Como era entre semana, marido no está (además, últimamente está missing) era ya la 1 de la mañana y no son horas como para estar molestando a la gente si no estás de parto realmente. Así que me entró un canguelo que no veas. ¿Y si me pongo de parto estando aquí sola? ¿Y si realmente viene alguien a secuestrarme como dice la Rusa? ¿Y si no estoy de parto pero me pasa cualquier cosa y me encuentran devorada por pastores alemanes dos semanas después?.

¿No habéis visto Bridget Jones?

¿No habéis visto Bridget Jones?

Así que me empecé a poner nerviosa. Y cuanto más nerviosa, más calambres me daban. Y cuantos más calambres más nerviosa. Además, el Cacahuete no estaba muy colaborador y estaba de Party Hard: “mama, mira, sé dar patadicas”, “barrido con la rodilla que te comes, mamá”, “espera que te toco un poco en la vejiga porque no puede ser que salgas del embarazo sin haberte hecho pis encima”,…

Total, que he pasado una noche toledana. He dormido 3 horas y me he despertado a eso de las cuatro de la mañana con un hambre que me quería morir, he ido a la cocina, me he zampado unos espaguettis con setas que me sobraron de ayer y me he puesto a reflexionar: “vamos a ver, ¿qué necesidad tengo yo de todo esto? ¿esto de parir como se hace? y peor aún ¿que voy a tener un animalillo con pelo, que se parece a mi, y que sólo come y caga? ¿perdonaaaaaaaaaaa?”.

Entonces me he puesto a buscar blogs sobre embarazos para ver qué decían las demás preñetis y miraaa miraaa. Flipaaaa flipaaaa. He alucinao. Resulta, que a mis 33 semanas de embarazo… ¡me acabo de enterar de que hay gente por ahí que piensa que el embarazo es maravilloso! Ay va la leche.

Así que, como me siento una mala-embarazada voy a hacer un decálogo de los tipos de preñadas que me he encontrado por ahí rebuscando:

(nota de la autora: señoras, tómense la parodia con gracia y alegría, que yo soy la primera que me voy a describir)

1. La embarazada resquemada

Foto mía tomada ayer. Semana 32

Foto mía tomada ayer. Semana 32

Se caracteriza por: Mirar con rencor a la gente por la calle, poner mala cara a los que no la dejan sentarse en el autobús y maltratar a su marido. Va siempre en mallas. Paradójicamente suelen ser las embarazadas más sanas y con menos problemas en el embarazo y parto (aunque la mala leche no se la quita nadie).

Su frase: “A mi no me la vuelven a meter doblada” o (dirigiéndose a su marido) “una y no más“.

La encontrarás en: Las tiendas mirando ropa de su antigua talla y suspirando, mirando a los que hacen lo que ella no puede hacer (patinar sobre hielo, comer sushi, montar en montañas rusas,…) o en terapia.

2. La embarazada happy flower

hada

O sea, que guay. Estoy super feliz. Tengo una almorrana del tamaño de Japón, pero eso debe ser mi cuerpo diciéndome que me quiere

Se caracteriza por: Ir por la calle sonriendo a todo quisqui que se cruza con ella mientras se toca la tripa. No se suele llevar bien con la embarazada resquemada (algunas resquemadas han llegado a agredir a las happy-flower. Cuidado, son peligrosas). Algunas happy-flower cambian de estado al entrar en el tercer trimestre, cuando la cosa se pone chunga de verdad.

Su frase: “Qué felicidad, estoy creando vida“.

La encontrarás en: En el naturópata, acupunturista, sección orgánica de los supermercados, tiendas en las que venden ponchos o clases de técnicas de visualización para el parto (sin epidural, por supuesto).

3. La embarazada arrastrá

Prima, va por ti

Prima, va por ti

Se caracteriza por: A estas pobres muchachas les pasa de tó: nauseas, mareos, insomnio, diabetes gestacional o almorranas son algunos de los síntomas top. A veces quieren llorar pero no pueden, porque si lloran se les acaba la fuerza para ir a hacer pis en caso de que lo necesiten.

Su frase: ” ” (no hablan, no tienen fuerzas).

La encontrarás en: En su casa en el sofá, viendo el sálvame deluxe sin verlo, en bata, debajo de una manta, con el teléfono a mano y una almohadilla eléctrica debajo del culo.

4. La embarazada listilla

"Querida Sonia, no hace falta que vayas al ginecólogo porque aquí estoy yo. La leche y los huevos son veneno. No los comas."

“Querida Sonia, no hace falta que vayas al ginecólogo porque aquí estoy yo. La leche y los huevos son veneno. No los comas.”

Se caracteriza por: Tó lo sabe. Es esa tía asquerosa que el resto de embarazadas odia en silencio porque ya tiene el cuarto del niño preparado y la bolsa del hospital hecha a las 20 semanas de embarazo. Suele ser cansina y como la vida es muy puñetera, suele pasarle lo contrario de lo que va pregonando.

Su frase: “Mi ginecólogo dice…” o “Deberías hacer esto” o “Uy, ¿cómo se te ocurre hacer esto?“.

La encontrarás en: Dando consejos por whatsapp y contestando preguntas en foros de embarazadas (¿Pero quién tiene tiempo de contestar preguntas en Yahoo respuestas? Va, os dejo para terminar una de Yahoo, que sabéis que me gusta).

telefono

Es que no puedo poner ningún comentario. No puedo mejorarlo.

 

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Semana 30 y 31 – La rusa y yo

Oye, esto ya es un rollo.

Oficialmente estoy en la semana 32 de embarazo y ahora mismo llevo dos meses sin una triste ecografía ni una pinchadita rápida, ni una meadita en bote ni ná de ná. Están siendo los meses más rollo del embarazo, porque tengo la sensación de que no voy ni palante ni patrás. Todos los días son el día de la marmota: me levanto, desayuno, leo/escribo, como, siesta, leo/escribo, ceno, duermo.

"Estuve en las Islas Vírgenes una vez. Conocí a una chica. Comimos langosta, tomamos piña colada. Al anochecer hicimos el amor como animales. Ese fue un buen día. ¿Por qué ese día no se repitió una y otra vez?"

Estuve en las Islas Vírgenes una vez. Conocí a una chica. Comimos langosta, tomamos piña colada. Al anochecer hicimos el amor como animales. Ese fue un buen día. ¿Por qué ese día no se repitió una y otra vez?

Y además ha coincidido que mi amiga la rusa no está. Se ha ido al Caribe porque no le gusta el frío.

A María (por cierto, casi todas mis amigas de Chicago se llaman María. Un saludo para las Marías) la conocí porque la primera semana que pisé Chicago, marido me obligó a ir al quiropráctico. Siempre he tenido contracturas y cosas chungas en la espalda, y siempre me han dado masajes, acupuntura, reiki, napropatía,… y miles de cosas más que no me han hecho nada. Pero desde que veo a la doctora Webster, oye, mano de santo. No me ha dolido ni el cuello, ni la espalda, ni las lumbares ni nada de nada (además, me adivinó el sexo del bebé en la semana 8 y me está colocando al cacahuete para que salga disparado en el parto. Magia potagia).

El caso es que la primera semana que fui al quiropráctico se me acercó una chica rubia y bajita…

María.- “Hola, ¿estás embarrrazada?“.

Yo.- “Emmm, si” (no había que ser un lince pa notarme el embarazo).

María.- “Yo también. Deberíamos ser amigas“.

Yo.- “Estooooooo, ¿vale?” .

María.- “Este es mi teléfono, dame el tuyo, esta semana te llamo” (todo esto con acento ruso-americano y un tono digamos… agresivo).

Y dicho y hecho. No sé como, pero esa misma semana me vi tomando un café y una napolitana con mi nueva amiga rusa.

Tengo que reconocer que después de estos meses de cafés le tengo mucho cariño porque es un personaje bastante entrañable. Os la voy a describir:

  • No le gusta Chicago. Ni los americanos. Ni América en general. Ni los negros. Ni los que hablan inglés: La pobre mujer tiene un trauma. Su marido la ha traído aquí desde Siberia por trabajo y ODIA (pero de odiar a muerte) este país, esta ciudad y este clima (que por cierto, digo yo que si viene de Siberia esto no está tan mal ¿no?).
  • No le gusta el embarazo: Odia estar embarazada. Odia en secreto a su marido por haberla dejado embarazada (pero en plan mal, no en plan risa). Por cierto, también odia a la familia de su marido. Y no estoy muy segura, pero diría que tampoco le gustan mucho los niños.
  • No le gusta estar sin trabajar: Por lo visto tuvo que dejar un trabajo muy bueno en Rusia por venirse aquí con su marido, lo que hace que odie más todavía al pobre maromo con el que convive.
  • No le gustan los taxis ni los Uber. Ni el transporte público: Con esto tenemos un poco de problema. Vamos juntas a las clases para preñetis y le da miedo ir en taxi y/o en metro porque dice que nos pueden raptar. Yo la verdad es que no veo peligro alguno en ir cuatro paradas en metro al gimnasio porque ¿quién querría raptarnos a nosotras?. Si el secuestrador tendría un curro de la leche entre tener que alimentarnos, lidiar con los calambres y los ataques de furia embarazadiles. Así que o vamos en su BMW X5 con asientos de cuero calefactados o ella no va al gimnasio (y yo, pobre de mi, los días que ella no viene no veas como echo de menos ese asiento calentito que te abraza los riñones).
¿Secuestros a nosotras? JA

¿Secuestros a nosotras? JA

  • No le gusta el cine, ni cualquier actividad lúdico-recreativa, por lo que nuestras salidas se reducen a tomar café, a comer o a cenar por ahí, pero como no le gusta la comida americana tenemos algunos problemas para encontrar sitios para quedar.

Esto es lo más significativo que he aprendido de María en los últimos meses y cuanto más pesimista y malhumorada es, más cariño le cojo. Me hace una gracia que me muero.

Marido tiene la teoría de que son de la mafia, porque el marido se ha venido a estudiar aquí y no entendemos de dónde sale el dinero para vivir en un apartamento de 2.500$ al mes, pagar el cañonero (el BMW X5), irse al Caribe una semana cuando tiene mucho frío o darse masajes de 200$ todas las semanas. Además creo que poco a poco me estoy infiltrando en la mafia y empiezo a ser de la “familia”. Siempre me dice cosas como: “Ana, si alguien te hace algo, tú dímelo a mi” o “Ana, si estás sola y oyes algo, llámame. Aunque sea en mitad de la noche, que vamos Dimitri y yo para allá”. Yo siempre que me decía estas cosas pensaba “Joe, que maja es esta chica. Fíjate como me quiere casi sin conocerme” pero gracias al paranoias de mi marido estoy empezando a mosquearme.

Aunque si lo pienso, mejor llevarse bien. Nunca se sabe cuando una puede necesitar a LA FAMILIA.

María, ese señor no me ha dejado pasar en la cola del super. Deberíamos hacer algo al respecto...

María, ese señor no me ha dejado pasar en la cola del super. Deberíamos hacer algo al respecto…

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Semana 29 – Las verdades del embarazo

No me aguanto, estoy que no me aguanto.

Ha podido ser la peor semana desde que me quedé embarazada. Que asco por dios.

Resulta que hay un señor que se llamaba Algo-Braxton Hicks que inventó una cosa que se llaman contracciones de Braxton Hicks (bueno, para ser justos él no las inventó. Se dio cuenta de que existían, pero como nadie les había puesto nombre antes decidió, en un alarde de chulería, ponerle su nombre. Mmmm tengo que encontrar algo que no tenga nombre y ponerle “el Rus”).

El señor Braxton fue además el primer hipster de la historia

El señor Braxton fue además el primer hipster de la historia

Pues este señor fue el que se dio cuenta de que las mujeres tenían contracciones en el útero durante la segunda mitad del embarazo que se supone (se supone) no son dolorosas y ayudan al cuerpo a prepararse para el parto.

Y digo yo, si son contracciones que no son dolorosas ¿por qué iban a preocuparme? si no duelen no pueden ser tan malas ¿no? ¡meeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeccccccc ERROR!. Doler no duelen, pero son un auténtico mojón.

Me he pasao toda la semana de la cama al sofá y del sofá a la cama hecha un bicho bola porque no me podía ni mover. El proceso de las contracciones estas es más o menos el siguiente:

Repetir el ciclo tantas veces como sea posible en una semana (es que he sido consultora)

Repetir el ciclo tantas veces como sea posible en una semana (es que he sido consultora)

Y así podemos estar en bucle horas, días y semanas… ¿Por qué nadie te cuenta estas cosas antes de quedarte embarazadaaaa? ¿por qué? ¿es un complot femenino porque si no ninguna nos preñaríamos y se acabaría la humanidad?.

Tranquilas amigas, aquí estoy yo con la maravillosa guía de “Lo que nadie te cuenta cuando estás embarazada” para hacer justicia y que todas sepamos lo que hay, para que no nos pille nada por sorpresa. Aquí va:

Lo que nadie te cuenta del embarazo

1. ODIARÁS A TU MARIDO

Habrá días en los que estaréis los dos en el sofá viendo la tele y entre reflujo y reflujo de acidez le mirarás y sentirás resquemor. Ese ser que tiene la mano en el pito es el culpable de tu malestar. Además, cuanto más cómodo y feliz veas que está, más le odiarás en silencio.

Ahora, ahora que no mira

Ahora, ahora que no mira

2. ALGÚN DÍA TE HARÁS PIS ENCIMA

Reconozco que esto no me ha pasado, pero he estado a puntito varias veces en las últimas semanas tras una patada voladora de Dani en la vejiga. No sé si conseguiré salir con mi dignidad intacta del embarazo.

3. EL SEXO… ¿QUÉ ES ESO?

Al principio te motivarás y te dirás que tu embarazo no afecta a tu vida sexual. En los últimos dos meses verás que cuando tengas ganas, no te duela nada, tengas energía suficiente y el Cacahuete no te esté aporreando serán momentos del día en que o tu marido no está o estás en el supermercado o estás durmiendo. La logística es complicada.

4. TE CREES QUE PUEDES HACER TODO LO QUE QUIERES (PERO VA A SER QUE NO, CHATA)

Por ejemplo, me he venido arriba y estoy organizando una despedida de soltera que se celebra a una semana de salir de cuentas. Y soy tan parda que me acabo de dar cuenta de que si ahora me cuesta ponerme los zapatos y sudo como un gorrino cuando ando 20 minutos (estamos a -15º y voy con el abrigo desabrochao) ¿cómo voy a hacer pole dance o irme de party hard a una discoteca?. Probablemente me tengan que llevar en una carretilla.

Yes I can (vale, no, no puedo. Que ya he hecho antes y es super chungo)

Yes I can (vale, no, no puedo. Que ya lo he hecho antes y es super chungo)

5. ESTAR DESNUDA ES TU ESTADO NATURAL

Y que todo el mundo te vea los bajos es super normal, porque mientras el ginecólogo te examina pasan 3 enfermeras a tomarte la tensión o a ponerte una vacuna. Si encima has tenido que ir a urgencias tu pepe es de dominio público. Sabes que al menos 7 personas entrarán en el box en el que te están examinando (incluido el tío del seguro médico que viene a cobrarte y que no es médico).

Me temo que esto no acaba aquí. Tengo la impresión de que el complot que hay montado en torno al embarazo no es nada comparado con el de la paternidad. Pero tranquilos todos, que aquí estoy yo para hacer justicia y pregonarlo todo.

Acabemos con el secretismo.

Ana_v2

 

Semana 28 – Estamos enamoraos

Enamoraicos perdidos estamos entre nosotros, pero sobre todo de Cacahuete.

El sábado pasado fuimos a hacerle la eco 4D y al principio no nos estaba gustando ni un pelo. Allí no se veía nada, era todo un matojo de piernas, masas marrones deformes y pegotes que ni parecían niño ni parecía ná.

A todo esto yo iba con un chute de azúcar importante, porque esa leyenda urbana que dice que antes de una eco tienes que inflarte a glucosa para que el bebé se mueva creo que es una excusa para ponerte chimina comiendo guarradas en el embarazo. Aún así… ¿Cómo iba yo a desaprovechar la oportunidad de ponerme hasta el ojete de chocolate?

Antonia, dame chocolate que estoy mu loca

Antonia, dame chocolate que estoy mu loca

El mejor Hot Chocolate de Chicago. Venirse todos de visita que os invito a uno

El mejor Hot Chocolate de Chicago. Venirse todos de visita que os invito a uno

Una vez pasado el primer impulso de salir de la consulta gritando “nos habéis timado, nos habéis timado”, Dani empezó a cooperar y decidió exhibirse en todo su esplendor:

Para que a nadie le quede duda de que llevo un macho muy macho dentro

Para que a nadie le quede duda de que llevo un macho muy macho dentro

Ayyy, ¿sabéis qué alivio el ver que no es tan feo cómo nos lo habíamos imaginado? ¡Si hasta parece monin en las fotos! El caso es que salimos de la consulta con un subidón que no veas y enamorados a más no poder de nuestro hijo.

Aquí os presento a Dani (saluda, hijo, saluda).

Con medio brazo, media pierna y el cordón umbilical mientras intentábamos pillarle en buena pose

Con medio brazo, media pierna y el cordón umbilical mientras intentábamos pillarle en buena pose

Con una mano en la cara. Su padre jura que esa es una pose mia

Con una mano en la cara. Su padre jura que esa es una pose mia

¡Sonrie al pajarito!

¡Sonrie al pajarito!

¡Tírales un beso de despedida con esos morros!

¡Tírales un beso de despedida con esos morros!

Ana_v2

 

Semana 27 – Normas de convivencia

Con lo agustete que estaba yo. Con poca barriga, comiendo lo que me daba la gana, con mis clases de gimnasia para embarazadas masoquistas,… y va Dani y le da por crecer.

El viernes tuve la visita mensual con mi OB (ginecólogo), el doctor Van Arsdale. Es un señor mayorcete de unos 60 años que, para mi gusto, abusa del Just for Men y como sabe que no soy americana me habla con onomatopeyas: “and  then you’re gonna do bloooooooooooommmm and splussssssshhhhhhhhhh and everybody will cry, weeeeeeee” (Y entonces harás bloooom y splusssshhh y todo el mundo llorará, weeeee – Esta es la última perla que me soltó refiriéndose al parto). La verdad es que es un señor encantador y majísimo y tiene toda la paciencia del mundo conmigo, que soy bastante preguntona.

Dani saliendo en el momento del parto. (Esto es lo que me imagino yo con la descripción del Van Arsdale)

Dani saliendo en el momento del parto. (Esto es lo que me imagino yo con la descripción del Van Arsdale)

La visita fue bien pero hizo sus cálculos matemáticos de OB, con la cinta de medir y la ecografía, y me dijo que Dani pesaba aproximadamente 1kg 300gr. Y que yo he engordado casi dos kilos en el último mes (más bien en las dos últimas semanas). Así de sopetón. Sin piedad. Y agárrate los machos Paca, que la fiesta no ha hecho más que empezar. A partir de ahora el mostrenco jacetano-manchego que llevo aquí dentro (cuyo latido del corazón tiene impresionado al médico por lo fuertote que se oye, cual “bull in a corrida“) va a crecer a la impresionante velocidad de 300gr. a la semana, lo que significa que todavía me quedan por ganar otros 3 kilos tranquilamente.

Pero vamos a ver por dios…¡SI YA ME TIRA LA TRIPA POR TODOS LOS LADOS! ¡SI MI CUERPECILLO NO DA MÁS DE SI! por más cremas y guarradas que me eche al día, yo estoy convencida de que esto ya no tira más. No puede. Aquí ya no hay más hueco.

Por eso tenemos que llegar Dani y yo a un consenso. Vamos a tener que hacer un acuerdo parlamentario que ambas partes firmemos. Un win-win por el bien de esta nuestra futura familia. Paso a relatar los puntos importantes a consensuar:

REUNIDOS

DE UNA PARTE, Don Daniel Jarne Cano (en adelante Cacahuete), estado civil por determinar, todavía nonato, profesión chupóctero, vecino de Chicago, con domicilio en el útero de su madre

Y DE OTRA, Doña Ana Rus Cano Moreno (en adelante la Preñi), estado civil casada, mayor de edad (física, no mental), profesión incubadora, vecina de Chicago, con domicilio en su casa,

EXPONEN

1.- Que el Cacahuete se abstendrá de pegar patadas en la vejiga de la Preñi pasadas las 12 de la noche y hasta las 7 de la mañana del día siguiente. Este proceso, aparentemente inocuo, molesta también a otras partes ajenas a este contrato, lease el padre de la criatura, cuyo descanso tiene que estar garantizado para que pueda seguir exclavizado, perdón, quiero decir trabajando, y podamos garantizar la compra de pañales en un futuro próximo.

2.- Que la Preñi dará al Cacahuete el chocolate que sea oportuno a fin de garantizar el subidón que le entra al Cacahuete cuando se ingiere esta sustancia. Como contrapartida queda prohibida la mención de palabras como “calorías”, “culo gordo”, “gordopilez” o “grasa corporal” por parte de cualquier miembro de esta nuestra familia.

Dani con 20 años

Dani con 20 años. Ansia viva es lo que tiene este muchacho

3.- Que el Cacahuete dará un preaviso de 3 días cada vez que planifique crecer de forma desmesurada, en vez de hacerlo repentinamente durante la noche, con premeditación, alevosía y nocturnidad. Esta medida se tendrá en cuenta para que la Preñi pueda planificar las visitas a las clases de gimnasia con la mujombre y tenga controlado el dolor de pelvis/piernas.

4.- Que la Preñi no será una burricerda en las clases de gimnasia y hará los ejercicios con calma y con cabeza en vez de sacar la fuerza castellana que la impulsa a hacerlo todo como una bestia parda.

Yo ayer en la clase de la mujombre

Yo ayer en la clase de la mujombre

5.- Que el Cacahuete se compromete a no ponerse en el hueco de las costillas (ese que le mola tanto) a fin de que la Preñi pueda respirar. Este punto del contrato garantizará la supervivencia de ambas partes.

6.- Que la Preñi no comerá más que 3 hojas de lechuga pasadas las 8 de la noche para que el Cacahuete tenga hueco suficiente para vivir en su habitat.

7.- Queda prohibido el uso de la fuerza bruta. Cualquier actividad que implique patadas, puñetazos, hacer así como un gatete por dentro de la tripa o pegarle patadas al marido cuando acerca la oreja será sancionado con:

(a) en el caso del Cacahuete una sesión de ducha (dada su gorrinería y su aversión al agua).

Dani comiendo. Ayy, ¿no es una monada?

Dani comiendo. Ayy, ¿no es una monada?

(b) en el caso de la Preñi con un plato de salmón bien grande (que le he cogido un asquito durante el embarazo… aunque bien pensado, ¿por qué iba yo a pegarle patadas a marido? mmmm, no será por falta de ganas a veces…)

Y leído el presente documento, ambas partes lo firman en señal de conformidad y se comen un bollito para que quede sellado en ratificación de su contenido, haciéndolo por duplicado (el bollito) a un solo efecto en Chicago a 3 de febrero de 2015.

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Semana 25 y 26 – La gimnasia y la manduca

Vale, sé que me habéis pillado y os he arañado una semana. Pero es que me he dado cuenta de que iba escribiendo con retraso y a este paso os retransmito mi parto con el título de “Semana 32”. Realmente estoy de 27 semanas, pero escribo cuando buenamente puedo (intento que sea una vez a la semana, pero hijos, no me da la vida). Para aquellos que están pensando: “Uuuuhhh, Pero esta chicaaa, si se  ha ido a vivir por ahí fuera y no trabaja. Trabaja sólo el marido. ¿Cómo que no tiene tiempo?” aclararos que NO. Que estoy haciendo mi tesis doctoral. Que me va a llevar 3 o 4 años (si, 4 años, no tardo meses como muchos me preguntáis. Son 4 años), que vivo pegada a la pantalla del ordenador y que tengo la casa más guarra que un palomar (menos mal que marido los fines de semana es muy cumplidor y deja los baños como los chorros del oro).

Una vez hechas las aclaraciones vamos a los temas que nos ocupan, que esta semana son dos:

1) La clase de gimnasia (o “nos han metido la bacalá*”)

No sé si recordáis que en el anterior post os decía que aparte de ir a yoga me había apuntado a una clase que se llama The final push con mi amiga la Rusa. Creo que no os he presentado todavía a la Rusa, pero hoy no va a ser el día porque tengo para hacer un post enterito sólo con ella. El caso es que nos apuntamos pensando que serían ejercicios de respiración. Yo me imaginaba tumbada en el suelo con música relajante y haciendo respiraciones rítmicas a la vez que la Rusa me masajeaba la espalda (¿No es eso lo que pasa en un parto?).

Íbamos las dos tan tranquilas a clase y cuando entramos vemos a un mujombre de 1,80m, con más bíceps que Stallone que nos dice que es la profesora. Nota mental: si la profesora de una clase de gimnasia es más grande que el 80% de los hombres que conoces, di que te has equivocado de clase y huye antes de que empiece. La Rusa y yo tampoco le dimos más importancia… hasta que empezó la clase…

Dios.

Madredelamorhermoso.

La que hemos liao pollito.

Resulta que la clase en cuestión es una especie de “Boot Camp”= “gimansia chunga” para preñetis en la que se simulan las contracciones del parto con ejercicios. Aquello era una mezcla entre un campo de concentración nazi y los entrenamientos de la Teniente O’Neil. Yo cuando nos vi a todas las panzudas apoyadas haciendo 90º en la pared a pulso, mientras la profesora gritaba: “Breaaaaaaaathe women, breatheeeeeeeeeeeeeeee“=”Respiren señoras, respireeeeeeeeeeeeeen” y a la Rusa más roja que la bandera de Japón, resoplando, pensé “¿Qué c*** estamos haciendo aquí?, a alguna con el esfuerzo se nos escapa el Cacahuete seguro“. Por mi mente pasaban imágenes de horror en las que nos poníamos de parto todas a la vez en aquella sala mientras el mujombre nos gritaba: “¿Qué sois huevonas o leonaaaaaaaaaaas?“.

Nótese que he tenido la amabildad de tunear la fotografía para ilustrar mejor lo que allí vivimos

Nótese que he tenido la amabilidad de tunear la fotografía para ilustrar mejor lo que allí vivimos

Al final sobrevivimos milagrosamente a la clase, no sin pasarnos dos días con agujetas y calambres en zonas poco convencionales que el pudor me impide nombrar (el chirri, vaya). Aún así, y haciendo caso omiso a mi instinto de supervivencia y al de mi hijo, hemos decidido continuar con la clase y volvemos otra vez el sábado.

Tenemos la intuición de que el parto va a ser más parecido a un entrenamiento espartano que a un momento de felicidad zen con pájaros y unicornios revoloteando alrededor nuestro, así que puestos a sufrir ¿por qué no empezar 3 meses antes? si total, como no estamos incómodas a penas ¿qué más da?.

2) La comida es mi amiga

Estoy teniendo una suerte que no me la creo. En todo el embarazo he vomitado dos veces, tengo la acidez prácticamente controlada y tengo mi método anti-estreñimiento infalible que ahora compartiré. Peeeero (siempre hay un pero) que mala es el ansia. Y es que cuando estás embarazada lo que tienes es ansia viva. Le pegarías un bocao al brazo de tu marido si lo tuvieras delante en un momento de bajona de azucar.

No sólo a las embarazadas les entra el hambre a deshora

No sólo a las embarazadas les entra el hambre a deshora

En mi caso, Dani se pone tó loco cuando tiene hambre, que suele ser por la mañana. Así que mi despertador particular me levanta a las 7:30h y hasta que no como algo, no para. La mañana es mi mejor momento. Para vuestra info suelo desayunar tostadas con tomate y aceite de oliva y un vaso de Nesquik tooooodos los días de mi vida, aunque si quisiera me podría comer un jabalí. Sería cómo Obelix en la prueba del restaurante (para los despistaos ver desde el minuto 5:30).

Después vuelve la fiesta a eso de las 12:30h (ayyy, si no ha nacido y ya es más americano que pa qué) y entonces ya no tengo tanta hambre. Como normal, un único plato de lo que haya hecho para ese día. Y por la noche… por la noche con tres hojas de lechuga y dos tomates cherrys voy que me mato. El estómago me llega hasta la campanilla y no me entra na de na. Este es mi súper método anti-estreñimiento. Con la ensalada y un vasico de zumo de naranja, vas como un gavete.

Esta es mi dieta diaria, con la que he engordao 6 kilarros, que básicamente consiste en comer cuando me lo pide el cuerpo. Pero hay días… hay días en los que de repente una imagen de chocolate con churros se me pasa por la cabeza o de madalenas de la Pascuala, o de cochinillo frito con alas volando hasta mi boca. Mmmmmmmmmmmm. Y entonces sólo hay una cosa que puedes hacer: o te lo comes o te lo comes. Si no ya vas con el pie torcido todo el día. Yo creo que te puede dar un aneurisma y todo si te guardas las ganas.

Para placer y disfrute de vuestros sentidos (y para que las embarazadas no nos sintamos culpables. ¡Solidaridad hermanas!) os pongo los caprichillos de los últimos días. Nota mental: No seguir leyendo si tienes hambre, porque te jorobo el día.

Ah pero ¿que todo esto no es sanísimo?

Ah pero ¿que todo esto no es sanísimo?

Marido... yo tengo excusa... ¿cuál es la tuya? XD

Marido… yo tengo excusa… ¿cuál es la tuya? XD

Ojo, tengo que decir que desde hace dos años no como azúcar porque me dan pájaras, pero no sé que me ha pasado con el embarazo que mato por los pancakes, las tartas, los helados, los donuts,… Dani va a salir golosón golosón. Afortunadamente, este país es la meca de la comida saludable (ironía. No pueden comer más guarradas). Y yo, pues me dejo llevar. Se llama inmersión cultural.

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* Expresión Castellano-Manchega que indica que te han engañado, pero bien engañado.

 

Semana 24 – Del baby boom, el yoga y otros temas

En nuestro grupo de amigas está habiendo un baby boom. Ahora mismo estoy rodeada de embarazadas. Entre las que acaban de dar a luz y las que estamos cocinando bebés (por cierto, soy la próxima) somos 8. ¡8!. 8 personas juntas en algunos países ya se considera una manifestación organizada. 8 nuevas personitas que vamos a traer a este mundo, así a lo loco. A repoblar Castilla la Mancha y parte del extranjero.

¡illa illa illa, parir es una maraviiiilla! (mis amigas y yo cuando vamos a comernos un bocata de bacon al Fayco)

¡illa illa illa, parir es una maraviiiilla! (mis amigas y yo cuando vamos a comernos un bocata de bacon al Fayco)

Yo me rio con mis amigas del pueblo porque entre los que vienen y los que ya han venido (también hubo un baby boom el año pasado) no cabemos por las calles paseando tanto carro. Tenemos un problema logístico este año para ir a dar una vuelta por la feria porque vamos taponando. Así que ya sabes, no te cruces con nosotras por un callejón estrecho.

El caso es que claro, tengo varios grupos de whatsapp en los que el embarazo es el monotema. Por cierto, desde aquí un llamamiento a las solteras-no embarazadas: Está muy bien hablar todo el día de ecografías, reflujos y hemorroides pero me parece más interesante que nos contéis los rollitos que os echáis los sábados por la noche. ¡Dejadme que viva la vida sin mustela ni peleles a través de vosotras!.

A lo que iba, los grupos de whatsapp son como el consultorio de Elena Francis. Ahí cada una soltamos el achaque de turno y las que van más avanzadas que nosotras o las que ya han sido mamás nos responden corriendo para que veamos que tooooodo lo que nos pasa es normal: ¿que no vas al baño en cinco días? normal, ¿que tienes los tobillos tan grandes como el cuello? normal, ¿que te da taquicardia viendo Gran Hermano? normal. La conclusión que yo he sacado después de 6 meses y medio de embarazo es que te pase lo que te pase es normal siempre que le preguntes a tus amigas o al médico. Si por el contrario vas a buscar la respuesta a cualquier foro de embarazadas, te dirán que estás al borde de la muerte. Ilustro para que veáis algunas preocupaciones que circulan por la red:

Una duda perfectamente razonable

Una duda perfectamente razonable. Esto ocurre cada día. Cuidado por favor

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Esta no es de embarazo, pero creo que nos viene bien a todos resolver la duda de Juan-Pedro. Viendo su foto ¿Por qué no me sorprende la pregunta?

 

Pues entre otras cosas, el otro día estuvimos comentando que casi todas nos hemos apuntado a yoga para embarazadas y he recordado que no he comentado en el blog nada al respecto de mi clase de yoga. Y es para comentarlo, oh si.

Veréis, me apunté a yoga en cuanto supe que estaba embarazada, a las 7 semanas de embarazo. ¿Por qué yoga? pues porque el médico me dijo que nada de pesas en el gimnasio ni sobreesfuerzos como el aerobic o la zumba, así que busqué un gimnasio que fuera específico para embarazadas para ver qué clases tenían. Encontré uno relativamente cerca de casa que mola mucho: es una antigua fábrica rehabilitada de las miles que hay en Chicago. Son edificios preciosos y tienen un montón de clases, sobre todo de yoga, tanto para ir tu como para ir con tu bebé cuando nazca. Además tienen una clase que empiezo ahora que se llama “The final push” (miedito no?). Os pongo una foto para que veáis el sitio, por si tenéis curiosidad:

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El primer día de clase ahí que me presenté yo. Con mis mallas y mi camiseta. Todavía no tenía ni un poquillo de tripa, así que cuando empezamos la clase estaba flipada yo conmigo misma. Es que lo hacía todo fenomenal. Veía al resto de las embarazadas sudando como cochinas y yo más fresca que una lechuga.

Al principio de la clase nos presentábamos todas y decíamos nuestros nombres y de cuantas semanas estábamos. El resto de chicas estaban ya en la semana 20 y tantos y yo acababa de enterarme de que tenía un cacahuete en la tripa, así que cuando dije que estaba de 7 semanas, vi en sus caras una mezcla de odio y condescendencia, como pensando: “pues no te queda ná, chata”.

Cuando empezamos la clase empecé a flipar. Aquello era un poema: Cassy paraba cada 15 minutos y se iba corriendo a vomitar al baño (estaba también en el primer trimestre), otra al borde del desmayo cada vez que bajábamos la cabeza para hacer una postura y todas acojonadas porque una tal Mary estaba de 39 semanas y cada vez que hacía un ruidito la profesora paraba la clase y le decía “Por favor Mary, tu no empujes, si tienes ganas de empujar, no empujes”. Yo me veía ya asistiendo un parto como en Anatomía de Grey.

Pero lo mejor vino cuando en mitad del guerrero oímos un ruido sospechoso. Un gas. Un pedo, vamos. Imaginaos 7 embarazadas sudando en una sala de 10 m2… pues es lo que tiene. Que si de normal alguno se te escapa, pues estando embarazada que no controlas tu cuerpo ya ni te cuento. Allí nadie soltó ni una risilla, y todas seguimos a lo nuestro y cuando pasaron 5 minutos… prrr, otro. Chiquitillo pero matón. A mi me entraba la risa floja, y cuando salí no sabía si me lo había imaginado o si habían sido unos cuescos de verdad. Como todo el mundo hacía como si nada…

Es que es inevitable

Es que es inevitable

Pues efectivamente señores, después de casi 20 semanas de clases he descubierto que aquello es un campo minado. Aquel día se abrió la veda y ahora ya ni me sorprende. De hecho, hasta los veo venir cuando se qué toca cierta postura.

Por cierto, tengo que decir que ahora ni la más guay ni nada. Ahora que me ha crecido la tripa soy yo la que suda como una cochina y miro con envidia a las chulitas que vienen con su tripina de 8 semanas. Eso en mi pueblo se llama justicia divina.

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Semana 23 – Siento rencor

Si, siento un profundo rencor. Un resquemor que nace de dentro de mi. Ese rencor va dirigido a todos los humanos del sexo masculino: los hombres.

Me parece que la naturaleza está muy mal organizada y que a las mujeres nos toca la peor parte. Porque vamos a ver ¿no es un poco injusto que tengamos que estar 9 santos meses con calambres, acidez, el estómago en dónde empieza la nuez y cultivando estrías? (por no hablar de los gases matadores que no se yo si es peor soltarlos o quedártelos). ¿No podría ser como en los sims? en los Sims te abduce un extraterrestre y te deja embarazado seas tío o tía. Vamos, lo que viene siendo un embarazo democrático y justo, si te toca te ha tocao.

Derecha: hombre embarazado después de ser abducido por un extraterrestre. Izquierda: Hombre dando a luz en su baño

Izquierda: hombre embarazado después de ser abducido por un extraterrestre. Derecha: Hombre dando a luz en su baño

Pero ah, amigo, que en la vida real no es tan fácil. En la vida real las que pringamos somos nosotras. Y pringamos pero bien.

Ayer, aprovechando que se han acabado las vacaciones de navidad, me puse a mirar toda la documentación y papeleo para el registro en el hospital. Aquí son muy apañaos y el hospital funciona como un hotel: tu te registras a partir de la semana 25 con tu fecha prevista de parto y cuando llegas el “día D” (o dos semanas antes o dos semanas después) ya te tienen preparada tu habitación, con tu nombre en la puerta y todo. Pues como ya estoy en la semana 25 (en el blog escribo a toro pasado) me ha tocado hacer todo el papeleo y… madre del amor hermoso. ¿Cómo no vas a cagarte la pata abajo cuando tienes que firmar 8 papeles que te cuentan las posibles complicaciones que puedes tener durante el parto?. Vamos a ver señores, ustedes de partos entenderán muchísimo, pero de psicología… poca. Que al final la que se tiene que chupar las 12 o 15 o 30 horas de contracciones cual niña del exorcista es una servidora y lo que menos me apetece 15 semanas antes es estar leyendo lo chunga que se puede volver la historia.

Así que como buena embarazada… me eché a llorar. Y llamé a marido con una angustia…

Y ahí fue. Ese fue el principio de mi resquemor. Mi amiga la Rusa ya me lo advirtió. Los tíos no tienen ni puñetera idea de qué va la cosa. Es que yo lo veía venir. Voy a hacer un paréntesis en la conversación con marido para contaros el día en que me di cuenta de que los tíos son tíos y no cambian desde los tres a los sesenta.

Hace unos años estuve trabajando un verano en la guardería de un colegio para ganarme unas pelillas. El caso es que me tocó cuidar a una clase de niños de tres años. Más monos y más majos todos… Como era verano teníamos una mini piscina con medio palmo de agua en el patio y todos los días les sacábamos a la pisci unas horitas a que se remojaran.

Los peques venían con sus mochilillas y dentro llevaban su bañador, su cremita del sol, sus chanclas… así que cuando llegaba la hora, anunciaba en clase que tenían que cambiarse y ponerse cada uno solito/a el bañador. Y ahí veías a las niñas, intentando quitarse su falda, desabrocharse sus camisitas, meter la pierna que toca en el bañador, haciéndose una coleta (tardábamos como 1 hora y media en salir a la dichosa piscina).

Y bien, ¿qué hacían mientras los niños? Pues los niños se quitaban la ropa, se sentaban en bolas en el suelo y, pito en mano, se quedaban sentaos mirando al infinito con cara de alelaos, ahí dale que te pego. Eso tooooooodos los días. Parecía que cada día descubrían que les había crecido algo entre las piernas.

Este por lo menos tiene algo en la otra mano

Este por lo menos tiene algo en la otra mano

Después de ese curro descubrí que los hombres son así. No hay que pedirles peras al olmo (hay que pedirle plátanos, jiji chiste malo que me acabo de inventar yo sola y con el que me estoy riendo tontamente mientras escribo).

Antes de mi historia en la que descubrí la cruda realidad, os estaba contando que había llamado a marido después de una bajona importante al darme cuenta de que tarde o temprano voy a tener que parir. La verdad es que me cuesta un poco hacerme a la idea de que estoy embarazada. Todos los días me extraño al verme la tripa en el espejo. No sé porqué pero estoy como si la cosa no fuera conmigo, por eso lo de parir es algo que lo veo lejaaaano lejaaaaano. Pero cuando me he puesto a registrarme en el hospital he descubierto que no es tan lejano y que quiera o no, las semanas vuelan.

La conversación ha sido más o menos así:

Yo: -“Diegoooooo (a moco tendido), que estoy rellenado los papeles del hospital y me da miedoooooo”.

Diego: -“Miedo el quéeeee”.

(voz distraída, probablemente viendo una serie o pito en mano, quién sabe)

Yo: -“Pues que va quedando menos para el partooooo”.

(snoobb, sniffff , sonido de mocos)

Diego: -“Anda no seas tonta, que te da miedo todo”.

(voz todavía distraída y ligeramente molesta)

Yo: -“Pero es que nos acabo de apuntar al cursillo de preparación al parto y creo que no quiero ir porque me voy a poner nerviosa cuando nos enseñen los quirófanos y…”. – Por cierto, hago un inciso, aquí tenemos que ir a un cursillo intensivo de preparación al parto que dura 7 horacas y en dónde hacemos un simulacro en el que recorremos el hospital para que sepamos dónde tenemos que ir en cada momento del parto. Como una gymkana, pero de preñetis.

Diego: -“Ya nos preocuparemos de eso cuando llegue”.

Yo: -“¡Pero es que me da miedo desde ya!”.

Diego: -“¡Mira Ana, para ya! deja de tener miedo, que ya sabes cómo va. ¡Te pondrás de parto, iremos al hospital y en dos horas de nada se acabó la historia!“.

Aquí ya dejé de hablar. Resulta que este espécimen de macho con el que vivo se cree que tu te pones de parto, pasas un ratillo un poco malo, pero nada, en dos horitas todo estupendo y a disfrutar del nuevo retoño. Con ese planteamiento ¿quién le va a tener miedo al parto?.

Para que se lo pongáis a vuestros machos, os dejo un experimento que hicieron hace un tiempo en Suecia en el que inducían los dolores de parto a dos maromos en el que empiezan riéndose pero acaban… uno abandonando y el otro bastante chunguele (tiene subtítulos en inglés, pero no hace ni falta oír lo que dicen). Y que conste que las enfermeras fueron majas y sólo les pusieron los electrodos durante dos horas. Las dos horitas que dice mi marido.

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