El parto

Nunca te fíes de un rubio

Si señor. Los rubios son traicioneros.

A los morenos se les ve venir y los pelirrojos son rarunos, pero los rubios… te crees que puedes contar con ellos y a la que te descuidas… zasca. Te la meten doblada.

Era un martes como otro cualquiera. Estaba durmiendo tan tranquila, soñando con mis cosas, vuelta para un lado, vuelta para el otro, cuando de repente en una de esas vueltas empiezo a notarme mojada. Pero mojada como cuando te metes en la piscina. Mierda. Va a ser que he roto aguas.

Desperté a marido muy amablemente “Diego, coño, que he roto aguas” y salimos de la cama pitando. Mientras buscaba qué ponerme en los armarios pensaba: “¿qué ropa se pone una para ir a parir? ¿arreglá pero informal?” y nos fuimos echando leches al hospital.

Voy a saltarme la parte en la que os cuento cómo iba con una toalla de playa entre las piernas y cómo dejé el taxi y la recepción del hospi dónde nos atendieron porque tendría que describir mucha guarrería y este es un blog con clase y estilo.

El caso es que efectivamente cuando llegué había roto aguas. Resulta que Cacahuete estaba ansioso por salir. El muy jodío no quería esperar las 3 semanitas de cocción que le quedaban y tuvo que darnos el susto exactamente en la semana 37 (¿acaso os preguntabais porqué no había más posts en el blog?).

Mi parto fue una maravilla. No noté ningún dolor. Según me subieron a la habitación me pusieron la oxitocina para provocar las contracciones y en 3 horitas de nada dilaté los 10 cms de rigor. Era la hora de ponerse a empujar.

Y como él tenía tantas ganas de salir y yo tantas ganas de que saliera en cuestión de 30 minutillos estaba el tío ya berreando encima mío.

Y vosotros pensaréis “qué gustazo de parto, hija, qué envidia“. Ja Ja Ja Ja Ja (risa irónica). PUES NO.

Hijos, la suerte es muy puñetera y cuando pensaba que todo había acabado veo que mi médico no puede sacar la placenta. A partir de ahí comenzó la historia de horror en la que empezaron a venir anestesistas, médicos y enfermeros para sacarme el placentaco que se me había quedado pegado en el útero.

Sólo os diré que menos mal que mi cuerpo serrano es de Castilla la Mancha y como comentaba en un post anterior, me recupero rápido. Pero sólo os digo que la gracia de la placenta me costó un día más de hospital y una operación 6 semanas después para quitarme los restillos que seguían ahí pegados.

Ya lo ponía al principio. Nunca te fíes de un rubio. Aunque en este caso, sea el rubio más adorable, delicioso, comestible, mordisqueable, guapo, molludo, mofletudo, buenorro y amoroso que haya parido madre.


Mira, mira. Qué mujer más pesada con eso del yoga. Ayuyuuu uuu, Pero tía, ¿no ves que cuando te doblas me haces daño?. A mi me tiene harto. Voy a pegarle una patadica a ver si se entera la jodía y para.

Uy. Creo que me he pasado y le he dao muy fuerte. Ay. ¿Por qué me quedo sin agua?. Ay vaaaa, la que he liao. La que me va a caer, ya me puedo ir preparando. ¿Y esa luz?.


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